Murió Prichard Colón, el boxeador puertorriqueño que libró durante 11 años la pelea más difícil de su vida.

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Prichard Colón, una de las grandes promesas del boxeo puertorriqueño, murió este jueves 13 de agosto de 2026 a los 33 años, más de una década después de sufrir una devastadora lesión cerebral durante una pelea profesional que cambió para siempre el rumbo de su vida.

La noticia fue confirmada por su padre, Richard Colón, quien durante años acompañó a su hijo en una prolongada lucha marcada por tratamientos, terapias y cuidados permanentes.

Colón, conocido en el mundo del boxeo como “Digget”, nació el 19 de septiembre de 1992 en Maitland, Florida, y fue criado en Puerto Rico. Desde muy joven mostró condiciones para convertirse en una figura importante del pugilismo.

Un campeón desde las categorías juveniles.

Antes de llegar al profesionalismo, Colón consiguió uno de sus principales logros deportivos al conquistar la medalla de oro en el Campeonato Panamericano Juvenil de 2010, en la categoría de 64 kilogramos. Ese resultado comenzó a poner su nombre en el radar del boxeo internacional.

En 2013 dio el salto al profesionalismo y comenzó una carrera que, aunque corta, fue extraordinariamente prometedora.

Su registro profesional terminó siendo de 16 victorias y una derrota, con 13 triunfos por nocaut y tres por decisión. Es decir, consiguió el 81 % de sus victorias antes del límite, una cifra que reflejaba su poder ofensivo y el enorme potencial que se le atribuía.

Entre sus victorias más destacadas estuvieron los triunfos por nocaut sobre Xavier LaSalle y Vivian Harris, además de victorias por nocaut técnico frente a Michael Finney y Daniel Calzada.

La pelea que cambió su vida.

El 17 de octubre de 2015, cuando apenas tenía 23 años, Colón enfrentó al estadounidense Terrel Williams en Fairfax, Virginia.

Llegaba invicto, con récord de 16-0 y 13 nocauts, y era considerado una de las jóvenes promesas del boxeo. Sin embargo, aquella noche terminó convirtiéndose en una tragedia.

Durante el combate, Colón recibió varios golpes en la parte posterior de la cabeza, conocidos en el boxeo como rabbit punches. El árbitro llegó a sancionar a Williams durante el combate. En el noveno asalto, Colón fue derribado en dos ocasiones.

Después de la pelea comenzó a sentirse gravemente afectado y terminó desplomándose en el vestuario. Fue trasladado a un hospital, donde se le diagnosticó una hemorragia cerebral y tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica de emergencia.

Colón permaneció 221 días en coma y las lesiones le provocaron secuelas neurológicas permanentes. Desde entonces, su familia inició una batalla que se prolongó durante más de una década.

Una vida convertida en símbolo de resistencia.

Después de aquella noche, Prichard Colón dejó de ser solamente una promesa del boxeo. Su historia se convirtió en un símbolo de resistencia, acompañado permanentemente por su familia.

Aunque nunca pudo regresar al cuadrilátero, durante años continuó recibiendo atención médica y terapias. Su caso también generó un fuerte debate alrededor de la seguridad de los boxeadores y de la responsabilidad de los árbitros, médicos y promotores frente a las lesiones sufridas durante los combates.
En 2021, el Consejo Mundial de Boxeo lo reconoció como campeón honorario, en un homenaje a su trayectoria y a su lucha fuera del cuadrilátero.
Un récord que pudo haber sido mucho más grande.

La carrera profesional de Colón quedó detenida cuando apenas comenzaba a alcanzar su madurez deportiva.
16 victorias, 13 por nocaut, y una derrota por descalificación resumen estadísticamente su paso por el boxeo profesional. Pero detrás de esos números quedó la historia de un joven que era considerado una de las grandes promesas del boxeo puertorriqueño.

A los 33 años, Prichard Colón fallece después de más de diez años de aquella pelea que cambió su destino.
Su historia deja una reflexión que trasciende los resultados deportivos: en el boxeo, la victoria más importante muchas veces no se consigue sobre el cuadrilátero, sino en la lucha por sobrevivir después de que suenan las campanas.

Prichard Colón ya no podrá volver al ring, pero su nombre permanecerá ligado a una generación de jóvenes boxeadores que soñaron con verlo convertirse en campeón mundial.
Paz en su tumba y respeto para “Digget”, el guerrero puertorriqueño que libró durante más de una década la pelea más dura de todas.

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