La volatilidad del crudo vuelve a encender las alarmas sobre inflación, transporte, alimentos y crecimiento económico.
El mercado internacional del petróleo atraviesa uno de sus períodos de mayor volatilidad de 2026. Durante los últimos tres meses, el precio del crudo ha registrado fuertes movimientos, pasando de niveles cercanos a los 70 dólares por barril a comienzos de julio a superar nuevamente los 100 dólares en septiembre, impulsado principalmente por las tensiones geopolíticas y las dificultades para mantener el flujo normal de suministros desde Oriente Medio.
El Brent, referencia internacional del petróleo, llegó a registrar un máximo cercano a 109,97 dólares por barril el 11 de septiembre, después de haber tocado aproximadamente los 70 dólares el 2 de julio. Esto representa un incremento cercano al 57 % desde ese mínimo.
La situación continuaba siendo altamente volátil este 16 de septiembre. Ese día, el Brent descendió 2,7 %, hasta alrededor de 105,83 dólares por barril, mientras el petróleo estadounidense WTI cayó 3,1 %, hasta 102,51 dólares. El retroceso estuvo relacionado con nuevos mecanismos utilizados por Arabia Saudita para mantener sus exportaciones pese a las dificultades en algunas rutas.
¿Qué está provocando el incremento?
Uno de los principales factores es la interrupción de las rutas tradicionales de transporte de petróleo en Oriente Medio.
Los conflictos y ataques registrados en la región han afectado instalaciones petroleras, buques y corredores estratégicos como el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, fundamentales para el comercio mundial de energía.
La Agencia Internacional de Energía, IEA, calcula que la producción petrolera mundial podría disminuir alrededor de 5,7 millones de barriles diarios durante 2026, aproximadamente un 6 %, como consecuencia de las interrupciones generadas por el conflicto. Al mismo tiempo, los inventarios mundiales han venido disminuyendo rápidamente.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos también advierte que los problemas de suministro podrían mantener elevados los precios durante buena parte del segundo semestre de 2026. Su proyección de septiembre sitúa el precio promedio del Brent alrededor de 90 dólares por barril durante el segundo semestre, aunque reconoce que la volatilidad puede ser considerablemente mayor.
El efecto llega directamente a los consumidores
Cuando sube el petróleo, el impacto no se limita a las compañías petroleras.
El primer efecto suele sentirse en los combustibles. Un petróleo más costoso aumenta los costos de producción, refinación, transporte y distribución de gasolina, diésel y otros derivados.
Pero la cadena continúa.
Transportar alimentos, mercancías y materias primas se vuelve más costoso. Las empresas pueden trasladar parte de esos incrementos al consumidor, generando presiones adicionales sobre la inflación.
También pueden aumentar los costos de sectores como la agricultura, debido al encarecimiento de combustibles, transporte y algunos insumos relacionados con la energía.
Las aerolíneas y el transporte, entre los sectores más expuestos
El sector aéreo es particularmente sensible a los movimientos del petróleo debido al peso que representa el combustible dentro de sus costos operativos.
Una permanencia prolongada del crudo por encima de los 100 dólares podría aumentar los costos de las aerolíneas y del transporte terrestre y marítimo, dependiendo de cuánto tiempo permanezcan elevados los precios y de la capacidad de las empresas para trasladar esos costos a sus clientes.
Los bancos centrales también están atentos.
El encarecimiento de la energía representa un desafío para los bancos centrales.
Si el petróleo permanece elevado durante un período prolongado, puede aumentar las presiones inflacionarias y complicar el proceso de reducción de las tasas de interés.
En otras palabras, un petróleo más caro puede significar combustibles más costosos, mayores costos empresariales y una inflación más difícil de controlar.
¿Quiénes pueden beneficiarse?
El escenario también genera efectos positivos para algunos países y compañías.
Los países que son grandes exportadores de petróleo pueden recibir mayores ingresos por sus ventas internacionales, mejorar sus ingresos fiscales y fortalecer sus cuentas externas.
Sin embargo, el efecto final depende de cada economía. Para los países importadores de petróleo, una cotización elevada significa mayores costos para adquirir energía en el exterior.
¿Y qué significa para Colombia?
Para Colombia, el comportamiento internacional del petróleo tiene una importancia especial porque el país es productor y exportador de crudo.
Un precio internacional elevado puede aumentar los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras y favorecer las cuentas externas y fiscales, aunque también existen efectos que pueden sentirse en los precios internos de los combustibles y en los costos de transporte.
Además, el comportamiento del petróleo puede influir sobre el peso colombiano, la inversión, los ingresos fiscales y las expectativas económicas.
Por eso, el petróleo continúa siendo mucho más que una materia prima: es uno de los principales termómetros de la economía mundial.
Un mercado que seguirá bajo presión
La evolución de los próximos meses dependerá fundamentalmente de tres variables: la situación geopolítica en Oriente Medio, la recuperación de los flujos internacionales de petróleo y el comportamiento de la demanda mundial.
La IEA señala que los inventarios están siendo utilizados para compensar parte de las interrupciones, pero advierte que esos colchones se están reduciendo.
La EIA, por su parte, proyecta que si los flujos internacionales comienzan a normalizarse, los precios podrían descender gradualmente durante 2027.
Por ahora, el mercado sigue marcado por la incertidumbre.
El petróleo vuelve a estar por encima de los 100 dólares y su comportamiento comienza a sentirse mucho más allá de las bolsas y de las compañías energéticas: llega al transporte, los alimentos, las empresas, los gobiernos y finalmente al bolsillo de los consumidores.















